martes, 17 de mayo de 2016

Bruce Springsteen en Barcelona: Musicae Memorandum estuvo allí

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Particular crónica del concierto de The Boss en Barcelona, el primero de la gira europea de The River Tour
Bruce Springsteen and the E Street Band. Barcelona The River Tour


Bruce Springsteen siempre estuvo ahí. En mi vida, me refiero. No como un amor ardiente, desenfrenado, sino como un amor sereno. No fue aquel primer amor que nunca olvidamos y que todos de un modo u otro idealizamos, es ese amor de toda la vida, el que que te conquista poco a poco, el que perdura en el tiempo, el que siempre está presente. Ese tipo de amor que no te exige excéntricos y caprichosos esfuerzos pero por el que, en cambio, estás dispuesto a hacer sacrificios e insensateces del calibre de aguantar horas estoicamente frente a una (varias) pantalla en una cola virtual para adquirir unas entradas, gastarte los cuatro duros de los que dispones y tragarte 1500 km en menos de dos días. Eso es amor de verdad.

Lluvia y sol. Lejos y cerca. Tristes y alegres. Teletubbies y personas. Fuera y dentro
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Aunque hayan pasado ya algunos días, el nivel de entusiasmo todavía no ha llegado a descender a su nivel habitual, o sea, aun se puede adivinar una cierta sonrisa mezcla de fascinación, incredulidad y cansancio en mi cara. Y es que nunca había vivido algo así. No sé, será porque soy de pueblo (mucho), el caso es que, a pesar de haber depositado ingentes cantidades de ilusión en el acontecimiento, lo experimentado en el Camp Nou superó con creces nuestras más optimistas expectativas.

Por ello, ni mi chica ni yo permitimos ni un nanosegundo que la lluvia que caía tres horas antes del comienzo del espectáculo ni la kilométrica cola de acceso minara lo más mínimo nuestro ánimo. Hoy tenía que ser un gran día y nada iba a impedírnoslo. La lluvia cesó, la cola se dispersó, estábamos dentro!


Por fín sobre el césped -plásticos- del Camp Nou, impone la visión desde allí con las gradas aún semi vacías. Quedaban 2 horas para las 21, pista y grada se iban abarrotando tranquilamente. Tan sólo algunos tímidos cánticos de "campeones, campeones!" (el Barca acababa de ganar la liga) perturbaron levemente esa especie de calma tensa que finalmente sí explotó a las 21:20 (impresionante el mosaico de bienvenida a Bruce, normal que después lo agradeciera vía Twitter) cuando The Boss y los músicos de la E Street Band hicieron acto de presencia sobre el inmenso escenario:
“¡Hola Barcelona! ¡Hola Cataluña!”
Esas fueron las primeras palabras de Springsteen hacia una enfervorecida y entregada ya concurrencia. Esas, exactamentes esas, y NO las que afirmó TVE.

Conocía de antemano, porque así lo anunció al final de su gira estadounidense, que el repertorio en Europa de The River, album protagonista de este tour a propósito de su 35 aniversario, no iba a ser interpretado íntegramente y en estricto orden como así lo hiciera en tierras americanas. Lo que no esperaba de ningún modo es que Meet me in the city no abriera el setlist. En su lugar un clásico, Badlands, la muchedumbre enloquecía y botaba eufórica, las gargantas desgarradas a máximo rendimiento, no se podía empezar mejor. Sin pausa, sin descanso como durante todo el show, No surrender y My love will not let you down completaron la terna inaugural.

Tiempo ahora para The River, el disco que cumplía años y que, como digo, no fue interpretado en su totalidad, pero que sirvió como columna vertebral e hilo conductor de la primera mitad del concierto. 12 de 20 en total. Tras nuevos saludos protocolarios ("Bona nit, Barcelona! Bona nit, Catalunya! Esteu preparats?") ejecutó las cuatro primeras del trabajo en cuestión y en riguroso orden: La increíble The ties that bind, la festiva Sherry Darling, Jason Cage y Two hearts rematada junto a Little Steven.

Siguiendo la disposición de temas, el turno sería para Independence day, pero aún no era momento de baladas. Además, una pancarta que solicitaba I´m goin´down nos la arrebató sin posibilidad de discusión.

"One, two, three", que no pare la fiesta! ¿Y qué mejor que un nuevo himno para alimentar los hambrientos corazones de los allí presentes? Reconozco que, previamente al concierto, estuvimos estudiando esa primera estrofa de Hungry heart que el Boss suele permitir cantar al público con el fin de no equivocarnos, pero, supongo a causa de la emoción, cuando el tipo aún no había salido de Baltimore ya se me habían enmarañado la mitad de las palabras convirtiendo en correcto el giro del río haciéndolo volver a casa con su esposa e hijos. Espero que no fuese esa la razón por la que Bruce acabara tirado por el suelo del escenario ;-)

Fue entonces cuando el sonido inicial de las teclas de Roy Bittan logro arrancar mi grito más profundo y espontáneo. Y es que Out in the streets se puede decir que es mi canción, la que más alegría y libertad me inspira, la que codiciaba cantar desde el mismo momento en el que logré adquirir las entradas. No puedo negarlo, estaba ansioso porque llegara ese momento final "oh oh oh", siempre podré alardear ante propios y extraños de haber cantado a duo con Bruce Springsteen, poco me importaron en aquel momento las 64999 almas restantes.
He aquí el testimonio de producción propia, disculpas anticipadas por la calidad del mismo.





10 canciones, una hora ya, primer tercio superado. El ritmo era frenético, las treguas se reducían al tiempo que Springsteen empleaba en entonar el "One, two, three, four" entre canción y canción. Era momento ahora de aminorar pulsaciones con un bloque de lentas que comenzaba con una bonita intro de Here she comes enlazada a I wanna marry you y que alcanzaba su punto álgido con The River, la canción titular de todo este embrollo y que fue capaz de crear una atmósfera sobrecogedora gracias a la preciosa estampa del microuniverso estrellado de las gradas y al prolongado y sentido falsete final de El Jefe.

Una oscura, solemne y dilatada Point Blank antecedía a una de las grandes sorpresas de la noche, Atlantic City , una canción por la que yo siempre sentí una predilección especial y cuya interpretación percibí menos triste de lo habitual a causa del violín de Soozie Tyrell.

Darlington County servía de puente hacia un nuevo y fulminante subidón, Glory days, la cual venció por escandalosa goleada a Growin´ up en la votación que Bruce nos planteó tras agarrar una pancarta del público de las primeras filas. Literalmente el inmenso estadio se vino abajo, el sentido descansito vino bien pero ya estábamos ávidos de jolgorio y diversión.

Imagen editada desde El País


I wanna be with you (nueva solicitud popular), Ramrod, The price you pay, la tremenda Drive all night y Lonesome day comenzaron a calentar nuestros motores mientras que Prove it all night (qué estribillo por Dios!), The promise land (muy aseado "duelo" entre el saxo del sobrinísimo Jake Clemons y la armónica de El Boss) más las vibrantes Because the night y She´s the one antecedían a un trío final de bloque demoledor: Brilliant disguise (otra gratísima sorpresa en la que Patti Scialfa estuvo muy presente), la inspiradora e ilusionante The rising y la inigualable Thunder Road, que aunque no fuera ejecutada en Barcelona con la justicia que merece esta grandísima canción, siempre consideraré como su mejor canción forever and ever.

Los motores estaban  a punto de sobrepasar el límite aconsejable de revoluciones por lo que el bueno de Bruce decidió reducir un poquito el fervor con un afectuoso homenaje al recién fallecido Prince mediante Purple rain. El escenario se tiñó de púrpura y el espacio fue invadido nuevamente por las luces de miles de teléfonos móviles. Tal vez no sea un gesto tan caluroso como el que los mecheros lograban conseguir, pero la estampa desde el centro de ese particular cosmos creedme que sobrecoge. Indómito y escalofriante el solo de guitarra de Nils Lofgren, los pelos como escarpias

Ahora sí, las estrellas artificiales desaparecieron y de repente se hizo de día, las luces del estadio se encendieron dando lugar a un apoteósico nuevo día en el que todos éramos felices, algo que se podía constatar cuando los asistentes nos mirábamos a la cara a la luz de los focos.
Pon un Latin Lover en tu vida
Musicae Memorandum estuvo presente
Born in the USA, Born to run, Dancing in the dark (nadie en el estadio la celebró más que mi chica) y Tenth avenue freeze-out (merecidísima ofrenda en las pantallas a los desaparecidos Clarence Clemons y Danny Federici) constituyeron la orgásmica culminación de una noche inolvidable.

Pero ahí no acabó el show, porque aún quedaba Shout, la cual todos, jóvenes y no tanto, bailamos como si no hubiera un mañana desatendiendo las súplicas de tregua de nuestros riñones y piernas ante la maratoniana y excepcional jornada a la que Bruce y la E Street Band nos estaban sometiendo. 66 castañas tiene Bruce. Y Max Weimberg, Steve Van Zandt y Roy Bittan, que alguien me lo explique...

Yo, que tenía al cover de los Isley Brothers como fin de fiesta, quedé gratamente sorprendido cuando Bobby Jean resonó y no tuve más remedio que mover los brazos de un lado a otro para celebrarlo.

Los músicos ya se despedían pero el público quería más. Una más. Springsteen simulaba no dar crédito ante tal coyuntura señalando su muñequera cual reloj que marcaba más de tres horas de espectáculo. Fue entonces, mientras Bruce amagaba varias veces en volver a colgarse la guitarra, cuando me sorprendí a mí mismo suplicando desesperadamente y comprendí que The Boss es el PUTO AMO. Por última vez ejerció de jefe ordenando a la banda volver a sus posiciones para interpretar una jovial y festiva versión de Twist and shout.


Hasta siempre Jefe. Y gracias, fue inolvidable.

4 comentarios

  1. Las facturas las quiero con IVA, Jake, que luego no podemos desgravarlas ;)

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    1. Me temo que como meta el IVA no va a haber suficiente para pagarme. Aunque ahora que lo pienso, si no lo meto, tampoco va a haber :(

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  2. Me ofrecieron ir al concierto de Madrid y entonces me pareció muy caro, pero ya me arrepentí de ello cuando me enteré que las entradas se vendieron en una hora. Después de leer tu crónica me reafirmo en lo dicho, me equivoqué porque experiencias así no tienen precio. Enhorabuena por haber podido asistir al concierto y por esta interesante entrada. Saludos, Jake.

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    1. Hola Raúl, tal y como me dijiste la primera vez que aparecí yo por tu blog, es un honor tener por aquí al ganador de los Premios 20Blogs, estás en tu casa.

      Sin duda a mí también me pareció caro, pero era una oportunidad que no estaba dispuesto a dejar pasar. Como digo en el texto, había depositado grandes expectativas, pero El Boss las superó en lo referente a setlist, duración y diversión. Muy de acuerdo contigo, experiencias así no tienen precio.

      Abrazo

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