domingo, 14 de febrero de 2016

Si la vida es así de miserable... ¿Cuál es el trato?

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Wot’s… Uh The Deal?, la mirada de Pink Floyd desde el exterior en la que pudiera ser nuestra última visión de felicidad. Una colaboración de Carlos Murray.
Ficha
Wot’s… Uh The Deal? Pink Floyd
Nombre: Wot’s… Uh The Deal? (¿Cuál es el trato? )
Intérprete: Pink Floyd
Publicación: 1972
Autor: Roger Waters y David Gilmour
Género: Folk Psicodélico / Rock Progresivo

Bonus track:
Subtítulos en español
David Gilmour Directo 2006
Referencias:
Pink Floyd Oficial

Hace un tiempo, con mi guitarra al hombro, visité como cada tanto lo hacía a un gran amigo mío fanático de Pink Floyd. Si bien nos conocemos desde hace más de veinte años, recuerdo que ese día fue especial, porque él finalmente se hartó de escucharme tocar Wish You Were Here; y antes de quitarme mi instrumento y partírmelo en la cabeza, me pidió que aprendiera a tocar otro tema de la banda, so pena de asesinarme lenta y dolorosamente.

Tomándolo a broma, le planteé las dificultades que representa el hecho de poder interpretar temas de Pink Floyd en una guitarra acústica. La forma más o menos digna en que siempre tocaba para él Comfortably Numb, Goodbye Blue Sky y High Hopes escondiéndome tras lo poco que podía hacerse con una simple guitarra parecía ya no complacerle del todo; así que luego de unos instantes de titubeo me habló de este otro tema: Wot’s… Uh The Deal? del álbum Obscured By Clouds.

Recuerdo que lo mencionó con un tono que me hizo pensar que mi vida dependía de ello, así que mientras tragaba saliva sonoramente, le pedí que tuviera a bien repetirme el nombre del tema. A pesar de que mi amigo habla un inglés perfecto, apenas comprendí lo críptico del título; pero no dejé que este detalle me desanimara, y puse mis barbas en remojo para aprender la canción, que dice más o menos esto:

El Cielo me envió la Tierra Prometida, y se ve muy bien desde donde estoy parado; porque soy el tipo que está afuera mirando. Estoy esperando en el peldaño, muéstrame adónde está escondida la llave; señálame por dónde ir, porque ya es tiempo de que me dejes entrar, necesito salir del frío. Convierte mi camino en oro, porque hay un viento helado soplando en mi alma, y creo que me estoy volviendo viejo”. Un instante de la vida de un vagabundo aparece retratado en esta letra. Un mendigo parado afuera de la ventana, observando con sana envidia todo aquello que hace de nuestra casa un hogar cálido y acogedor. Su mirada telegrafía un ruego hacia todas las almas, un último suspiro implorando que no le arrebaten lo poco de dignidad que le queda, suplicando en sus pensamientos que lo invitemos a pasar y le evitemos una muerte helada… Pero… ¿Alguien le abrirá la puerta? 

Todo es un destello rojo. ¿Qué cuál es el trato? Es simple: tratar de llegar vivo a la próxima comida. Intentar mantener el ritmo mientras gira la rueda, milla tras milla, piedra tras piedra. Te das vuelta para hablar, y te das cuenta de que estás solo. A un millón de millas de tu casa, estás por tu cuenta”. Aún recuerdo a la perfección una noche, para la época en que me aprendía la canción y escuchaba este tema una y otra vez, sólo que en aquella velada yo me encontraba bajo los efectos de ciertas sustancias. Y en base a esa experiencia personal es que puedo asegurar que es verdad lo que dicen sobre la música de Pink Floyd: está ideada para ser disfrutada mediante un estado alterado de la consciencia… Fue una de las mejores noches de mi vida.

Volviendo a nuestro amigo vagabundo, parece que finalmente encontró la llave:Ahora el fuego brilla en la luz de las velas, y ella está a mi lado. Y si ella así lo prefiere, nunca nos moveremos. Alguien me envió la Tierra Prometida, y yo supe tomarla con las dos manos; ahora soy el tipo que está adentro, mirando hacia afuera. Escúchenme gritando: ‘¡Vamos, entren! Cuéntenme qué noticias traen, y cómo han estado’. Porque ya no hay ningún viento soplando en mi alma, y finalmente me he vuelto viejo”.

Así debería ser el epílogo de nuestra vida. Disfrutar de muy grata compañía a la luz de las velas, en el acogedor calor de un hogar. La escenografía ideal para descubrir que finalmente el diciembre de nuestra vida ha llegado y que ya no habrá ninguna tormenta luego de la última calma. Es un final soñado… Pero… ¿Y si es realmente sólo un sueño? ¿No será ésta sólamente una última visión de felicidad suprema, que nos invita a convidar a los demás? ¿El vagabundo no estará en realidad muriendo congelado en el peldaño de la puerta, mientras su mente le regala un broche final con aquello que ya no tiene?...

En lo personal, mientras yo disfruto de lo que me queda de vida luego de haber aprendido a tocar esta canción, planeo hacer todo lo posible para no confundir realidad con sueño, vigilia con utopía, verdad con mentira. Quiero que el día en que la muerte me encuentre yo sea el hombre que está adentro, mirando hacia afuera.


3 comentarios

  1. Que estupenda entrada Carlos! A estas alturas no hace falta que te diga que ya sabes que me encanta tu forma de escribir, y si encima es sobre Pink Floyd, ¿qué más puedo pedir?
    Pues tan solo disculpas por la involuntaria desconexión Argentina-España, ya sabes a qué me refiero ;)

    Deseando que comience la 4ª temporada de Deprimartes, recibe un afectuoso abrazo colega.

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  2. Un gran invento eso de tener amigos fanáticos de algo, a la vista está de que ya han salido varias veces en vuestras ansiadas colaboraciones de este mes. Nos descubren cosas de las que nunca nos hubiésemos percatado.
    Gran tema, estupendo artículo y buena y evidente reflexión. Sobre todo en lo del estado alterado de la consciencia... aunque eso va con los años.
    Aprovechando el día ¿para cuándo Deprilunes?
    Saludos cordiales Carlos

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  3. Muchísimas gracias, amigos del otro lado de la mar, por haberme tenido en cuenta una vez más para darles una mano con esta simple colaboración. Otra vez, espero haber estado a la altura de las circunstancias; y ojalá ésta no haya sido la última vez. ¡Un gran abrazo desde Mordor!

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