domingo, 28 de febrero de 2016

Adrian Borland o cómo cerrar una gran discografía a lo grande con Living on the edge of God

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Un gran disco póstumo porque Borland quiso tener la cabeza clara para crearlo. Una colaboración de J.L.
Ficha
Living in the edge of love. Adrian Borland
Nombre: Living in the edge of God (Vivir en el borde de Dios)
Intérprete: Adrian Borland
Publicación: 1999 (2002)
Autor: Adrian Borland
Género: Pop / Rock

Bonus track:
Tribute 2006
Referencias:
The Sound ERD
Adrian Borland ERD

Muchos artistas pueden ufanarse de tener canciones de su repertorio que ponen la piel de gallina. Adrian Borland era, sin duda, uno de ellos. Músico venerado en ámbitos de culto, siempre se movió en ámbitos minoritarios, a pesar de la gran calidad de algunas de sus canciones. Incluso, tras el éxito de su álbum con The Sound, From the lion’s mouth, su casa discográfica, Korova Records, le conminó a hacer un disco de continuación más comercial para solidificar el éxito del grupo. Adrian no estaba dispuesto a doblegar sus proyectos ante los intereses comerciales, y se sacó de la manga un disco deliberadamente anticomercial como All fall down.

Adrian Borland comenzó su andadura en la onda punk en 1976 con el grupo Syndrome, posteriormente renombrados The Outsiders. Tras ser influenciado por Howard Devoto, líder de los Buzzcocks, quien se recolocó en el movimiento New Wave con su grupo Magazine, quiso seguir sus pasos formando The Sound en 1979 con Benita ‘Bi’ Marshall, Graham Bailey y Mike Dudley, para hacer una música más sosegada y tenebrosa que la de su anterior grupo. Con los Sound, y bajo la alargada sombra de los Echo & The Bunnymen y los Joy Division, grupos con los que se les comparaba en demasía, elaboró varios de los mejores álbumes de los 80, como Jeopardy, From the lion’s mouth o Heads and hearts.

Las canciones de Adrian y The Sound eran auténticas poesías con alto contenido existencialista, llenas de palabras sombrías escritas por un ser atormentado con una sensibilidad extraordinaria; tenían un fuerte componente literario, eran complejas, intensas y elaboradas. Bastan, como ejemplo, algunos de sus títulos: Sense of purpose, Silent air, New dark age, Brittle heaven, Restless time, Beautiful ammunition, Golden soldiers o Iron years.

El exceso de matices literarios en las letras y la tendencia experimental de su música, no coincidía demasiado con las exigencias del mercado. Ya a mediados de los 80, y debido a la presión del trabajo y las constantes giras por Europa, Borland comenzó a manifestar síntomas de trastorno esquizoafectivo que le llevaron a disolver el grupo. Su incesante creatividad le llevó a componer nuevo material, haciéndose acompañar de la banda The Citizens, y formando el proyecto alternativo The Honolulu Mountain Daffodils. Ya durante la etapa con The Sound había formado un proyecto alternativo tecno llamado Second Layer.

En solitario lanzó buenos discos, con escaso resultado comercial, pero con grandes canciones, de los que se pueden destacar los discos Alexandria, Brittle heaven, Beautiful ammunition, Cinematic o 5:00 AM. Tras colaborar en un nuevo proyecto llamado White Rose Transmission con Carlo van Putten (The Convent), Claudia Uman, Florian Bratman, David Maria Gramse y Mark Burgess (The Chameleons), con los que lanzó dos muy buenos discos, White Rose Transmission y 700 miles of desert.

Adrian comenzó a grabar material para un nuevo álbum, en el que pretendía rendir tributo a sus fans. Sin embargo, la enfermedad esquizofrénica que le sumía en ocasiones en profundas depresiones, se manifestó con virulencia en esta época. Debido a la necesidad de tener la cabeza clara para acabar la grabación del disco, se negó a tomar la fuerte medicación que lo dejaba adormilado para combatir su trastorno mental, y en la mañana del 26 de abril de 1999 se acabaría arrojando al paso de un tren en la estación de Wimbledon sin haber acabado totalmente el disco. La discográfica de Carlo van Putten, Red Sun Records, decidió publicarlo en 2002, concluyendo el proyecto gracias a la ayuda de los músicos que intervenían en él y la coproducción de Wally Brill. Su título: Harmony and destruction (The unfinished journey).

El disco, publicado con muy pocos arreglos y respetando en lo esencial los demos de las canciones grabadas con Adrian Borland, mostraba un sonido muy crudo, austero, con mucha guitarra disonante y un ambiente ciertamente tenebroso, y con los vocales de Adrian sin depurar, tal y como aparecían en los demos, como puede comprobarse en varias canciones, entre las que destaca la luminosa Summer wheels, la fenomenal Destiny stopped screaming y la más relajada Last train out of Shaterville.

Sin embargo, una canción que define perfectamente el tono del disco y que lo cierra de manera magistral es Living on the edge of God, una canción áspera, cruda, poderosa por momentos, con esos crescendos que tanto gustaban a Adrian, con un inicio relativamente suave, un cuerpo de la canción que va subiendo el volumen hasta llegar a una parte final vocal desgarradora e instrumental potente, como si con esos gritos se liberase de este mundo, en el que ya vivía a las orillas de Dios, como relata su título. Una canción que pone los pelos de punta si además la escuchas conociendo el entorno en el que fue compuesta. Un inmejorable broche de oro a su disco y a su discografía.

En el vídeo que se acompaña se incluye la hidden track Death of a star, título muy indicativo: se nos fue una estrella, pero desde entonces brilla en nuestras mentes para la eternidad.



4 comentarios

  1. Muchas gracias, Jakesnake, Nostromo y Oloman. Ha sido un placer colaborar con vosotros. Un abrazo.

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    Respuestas
    1. Muchas gracias a tí, el placer ha sido nuestro, especialmente mío, que he tenido la suerte de tratar más directamente contigo.

      Muchas gracias por tu interés en esta reseña, la cual soy consciente ha sido un tanto complicada de realizar.

      Un placer y un honor JL, abrazo.

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  2. Los descubrí con el extraordinario From the lion’s mouth, del que casualmente tú, va a hacer seis años, me comentaste la alegoría de la portada, de que los leones pudieran representar a las discográficas. Qué pequeño es el mundo.
    Aquella canción Winning me encantaba, después les perdí la pista, quizás por mi bisoñez y mis preferencias de aquellos tiempos.
    Borland fue uno de los muchos sobresalientes artistas que siempre estuvieron en la cuerda floja. Un gran creador que anduvo al borde de Dios.
    Saludos cordiales JL. Muy buena

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  3. Toda la razón, The Sound tiene algunos de los mejores discos de los 80, no me cabe la menor duda. Estamos ante el caso más flagrante de ninguneo musical de la historia. Adrian se fue además de su esquizofrenia porque mereció mucho más que otros. Estupendo post, JL, y que temazo más impresionante has puesto, de los que emocionan y que nadie se acuerda.

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